Dejar las cosas…
…antes de que las cosas te dejen a ti.
La idea del tiempo…
Esa idea nos estresa, nos enferma y nos hace decrépitos.
Las cuidadoras deben ser reconocidas por la gran importancia y por el valor del trabajo que realizan en nuestra sociedad desde tiempo inmemorial. Ellas -en mayor cantidad que ellos- hacen funcionar mejor y con más humanidad a nuestro mundo. Y no hemos sabido reconocer, valorar y apoyar su gran aporte, más bien hemos hecho lo contrario; haciéndoles muchas veces más pesada su amorosa y solidaria tarea.
Las abuelas, las mamás, las enfermeras…
La vida sigue y cada etapa debe ser mejor.
No perder la independencia y la relación con todos todo el tiempo.
Nos tocaría en teoría cuidar a los nietos… ¡Pero no! Ahora es nuestro tiempo. Ahora nos toca a nosotros.
Siempre será necesario que unos cuidemos de otros, pero también es una gran verdad que nuestro mejor negocio es cuidar de nosotros mismos.
Por muy amorosa que sea la ayuda que recibas de quien te cuida, mejor es que seas autónomo y que puedas valerte para todo por ti mismo. La verdadera libertad deja de ejercerse cuando dependes del apoyo de otra persona o grupo de personas para poder llevar a cabo tu rutina diaria. Cuando dejas de poder dar tus paseos libremente y sin reloj que te defina la hora de regresar; pudiendo cambiar a tu antojo el sentido y la finalidad del paseo.
Cuidar a otros siempre debe ser una libre elección, nunca debería ser impuesta por ninguna circunstancia; sin embargo casi siempre nos sentimos atrapados al “tener” o creer que es nuestra obligación cuidar de otros, sean estos nuestros padres, hermanos, parientes, amigos; cuando son ancianos o padecen alguna enfermedad.
Diferente es la crianza de los hijos, ser padre debería ser una elección sabia y largamente meditada; y casi nunca es así, pues lo sentimos como algo muy natural y que debe darse siempre. La verdad es que no todos venimos a este reino terrestre para ser padres y no recapacitar bien en esto trastoca nuestra vida y la de muchos otros seres más. Sin embargo por algo se dan en la vida de todos las circunstancias que nos tocan vivir; yo bien sé que en el fondo y premeditadamente las hemos elegido ya como experiencias de vida.
Nuestra sociedad mexicana comienza en algo a reconocer, valorar y apoyar el trabajo de los cuidadores, bien por ello.
La entrega de tiempo y de afecto para la persona cuidada es esencial y quien recibe ese cuidado amoroso muy bien lo valora. Casos hay en los que el deterioro moral, psíquico o mental de algunas personas hacen muy difícil el atenderles en lo que necesitan; ahí solamente grandes espíritus pueden acometer esas tareas. ¡Loados sean ellos!
Muchos son los factores que deben tomarse en cuenta para llevar a cabo una buena labor de cuidado hacia otra persona, todos ellos son importantes y por eso es una tarea por lo general muy pesada y desgastante.
Vayan estas consideraciones junto con otras más antes por mí ya indicadas en textos como este para hacer una buena labor de cuidadores, pero al primero que debemos atender y cuidar es a nosotros mismos; nunca será excesivo recapacitar y poner por obra esto, ¡nunca! Esto es autorresponsabilidad lógica, natural y harto conveniente.
En la tribu todos sus miembros son dignos de cuidado y apoyo.
ÍÎÏÐ Ë ÑÒÓÔ
Y sobre la idea del tiempo… Recordemos que lo único real es el ahora, el pasado ya no es y el futuro es sólo un concepto.
Autor: Fernando Jorge García Asomoza.
