sábado, 28 de marzo de 2026

Constante y puntual

 ¿En realidad avanza? O solamente marca el ritmo.

 

 

Sin distraerse sigue fielmente

la partitura del momento


El reloj y el metrónomo al igual que nuestro corazón nos marcan el ritmo de la vida, de todos los tiempos y de nuestras actividades.

Desde niño he escuchado fascinado el canto de los relojes de mis abuelos, sus casas e historias en mi memoria están signadas por su entrañable sonería. Esta junto con sus voces y aromas quedaron grabadas en las imágenes que perduran en mi alma.

En la música o estruendo de la vida también su partitura nos marca muchos tiempos, los sigamos o no, el reloj nos los recuerda.

Fuimos al colegio y ahí también nos premiaron por ser puntuales, o nos castigaron cuando no lo fuimos.  Asistí a colegios que nos obligaban a quedarnos una hora extra a la salida de clases castigados haciendo diversas actividades o ejercicios por las supuestas fechorías que habíamos hecho durante ese día y una de ellas -la primera- era por haber llegado tarde a las clases. Mi Linda Mamá se iba a quejar con el Director de la escuela por este tipo de castigo diciendo: Oye aquí la castigada soy yo que tengo que esperarles, imponles otra actividad que no afecte a toda la familia…

La Banda de Guerra con sus tambores y cornetas también nos marcó el ritmo de la marcha y de la emoción, pues nos enardecía el ánimo y nos movía animándonos a ser valientes soldados de la patria. En fin, ¡caray! Así fuimos educados.

Soy muy afortunado pues ahora esos relojes continúan cantando en mi casa sin distraerse indicándome la hora, sus fracciones, los días y los cambios de los ciclos naturales o sociales. ¡Benditos son!

En mi castillo en cualquier momento del día o de la noche las campanadas de estos entrañables relojes -si estoy atento a ellas- me indican los fragmentos o la totalidad de las horas que ya son. Y de inmediato una sonrisa se asoma a mi rostro.

 

No midas tus tiempos con relojes ajenos.

  

 ÍÎÏР Ë  ÑÒÓÔ


 

Autor: Fernando Jorge García Asomoza.

 

 

Tzakapu, Michoacan.